Innovar tiene su precio, y los docentes debemos pagarlo

Ser un docente innovador, que se atreve a romper la paredes del aula y dejar entrar el mundo, dialogar con los alumnos, verlos y valorarlos más allá de la clase, de examen, de la nota, tiene su precio.
Llevar adelante propuestas pedagógicas que se salgan de la clase tradicional, de la exposición magistral y del examen esperado tiene su precio. A veces, y no pocas, se confunde con falta de responsabilidad, con falta de experticia o con irreverencia. Nada más alejado.
Atreverse a innovar, realmente, y no haciendo como que..., tiene su alto, muy alto precio.
Aquí deberemos hacernos la gran pregunta, ¿Qué es innovar?? ¿Sumar tecnología? ¿Hacer cosas extrañas y costosas?
Tomo las maravillosas ideas de mi muy admirado Paulo Freire, un innovador que se atrevió en el contexto más adverso a liberar a través de la educación, y planteó lo más revolucionario: educarse sin acumular contenidos, datos, fechas sino a través del diálogo, de la palabra, del hacer y del compromiso social. Un estimado alumno lo compartió en estos días, y, en ese sencillo acto, supe que el precio ya lo había pagado.

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