La deserción universitaria
La República Argentina está comenzando a vivir un debate (al menos algunos quisiéramos que se debata) en relación a la estructura y gestión del Sistema Universitario.
Este año vivimos el centenario de la Reforma Universitaria de 1918, un baluarte de la lucha de los estudiantes por el acceso a una educación universitaria gratuita, libre y de calidad. Estos principios marcaron nuestras universidades públicas y durante algunos períodos de nuestra historia fuimos reconocidos por la calidad de la enseñanza.
En la actualidad, la grave conflictividad que atraviesa la esencia de los sistemas educativos en el mundo no es ajena a nuestro sistema universitario. Sabemos que es extremadamente ineficiente, sin embargo no nos moviliza porque la ineficiencia es un rasgo de las instituciones públicas de la Argentina, a tal punto que nos damos por vencidos antes de pensar cualquier potencial cambio.
Existen numerosas instituciones universitarias públicas, dependientes del Estado nacional y financiadas por los contribuyentes argentinos, que atienden la formación profesional. Argentina es el país en Latinoamericano en la cual hay mayor cantidad de estudiantes universitarios en forma nominal, sin embargo, este dato se contrapone con la escasa cantidad de graduados, que apenas alcanza un 15% o 20% según la carrera de la cual se trate. Este fenómeno se denomina deserción, un rasgo que se ha profundizado en la generación milenians, por sus propios rasgos culturales: inmediatez, compromisos a corto plazo, hiperconexión, liquidez.
¿Es esta una crisis argentina? No, es un gran tema de discusión en todas las universidades del mundo, públicas o privadas, inclusive las más prestigiosas. Sabemos que la oferta académica, las propuestas pedagógicas, la correlación entre investigación, generación de conocimientos e inserción académica no aportan a la formación de profesionales para las demandas del siglo en que vivimos. Aún predomina la enseñanza enciclopedista, las habilidades académicas de los alumnos no les permite elaborar conocimientos significativos valiosos para crear sus propias oportunidades, las instituciones no responden a modelos de gestión flexibles e inteligentes sino que son enormes cajas burocráticas que repelen el cambio, la innovación y las dinámicas de la complejidad.
El manifiesto liminar escrito por los reformistas de 1918 planteaban un sistema universitario al cual podríamos aspirar como política universitaria futura: cátedras libres, docentes atractivos, formación abierta, alumnos que puedan elegir cátedras, docentes inclusive materias.
Comparto un artículo publicado en el observatorio del Instituto Tecnológico de Monterrey, uno de los más prestigiosos centros de formación tecnológica de Latinomérica, en el cual se citan datos y análisis hechos por el Banco Mundial "Momento decisivo. La educación superior en América Latina y el Caribe". Encontrarán descripciones de frustración, desconcierto y falta de interés, algo que vemos muy habitualmente en nuestros alumnos.
https://observatorio.itesm.mx/edu-news/el-reto-de-la-desercion-universitaria
Este año vivimos el centenario de la Reforma Universitaria de 1918, un baluarte de la lucha de los estudiantes por el acceso a una educación universitaria gratuita, libre y de calidad. Estos principios marcaron nuestras universidades públicas y durante algunos períodos de nuestra historia fuimos reconocidos por la calidad de la enseñanza.
En la actualidad, la grave conflictividad que atraviesa la esencia de los sistemas educativos en el mundo no es ajena a nuestro sistema universitario. Sabemos que es extremadamente ineficiente, sin embargo no nos moviliza porque la ineficiencia es un rasgo de las instituciones públicas de la Argentina, a tal punto que nos damos por vencidos antes de pensar cualquier potencial cambio.
Existen numerosas instituciones universitarias públicas, dependientes del Estado nacional y financiadas por los contribuyentes argentinos, que atienden la formación profesional. Argentina es el país en Latinoamericano en la cual hay mayor cantidad de estudiantes universitarios en forma nominal, sin embargo, este dato se contrapone con la escasa cantidad de graduados, que apenas alcanza un 15% o 20% según la carrera de la cual se trate. Este fenómeno se denomina deserción, un rasgo que se ha profundizado en la generación milenians, por sus propios rasgos culturales: inmediatez, compromisos a corto plazo, hiperconexión, liquidez.
¿Es esta una crisis argentina? No, es un gran tema de discusión en todas las universidades del mundo, públicas o privadas, inclusive las más prestigiosas. Sabemos que la oferta académica, las propuestas pedagógicas, la correlación entre investigación, generación de conocimientos e inserción académica no aportan a la formación de profesionales para las demandas del siglo en que vivimos. Aún predomina la enseñanza enciclopedista, las habilidades académicas de los alumnos no les permite elaborar conocimientos significativos valiosos para crear sus propias oportunidades, las instituciones no responden a modelos de gestión flexibles e inteligentes sino que son enormes cajas burocráticas que repelen el cambio, la innovación y las dinámicas de la complejidad.
El manifiesto liminar escrito por los reformistas de 1918 planteaban un sistema universitario al cual podríamos aspirar como política universitaria futura: cátedras libres, docentes atractivos, formación abierta, alumnos que puedan elegir cátedras, docentes inclusive materias.
Comparto un artículo publicado en el observatorio del Instituto Tecnológico de Monterrey, uno de los más prestigiosos centros de formación tecnológica de Latinomérica, en el cual se citan datos y análisis hechos por el Banco Mundial "Momento decisivo. La educación superior en América Latina y el Caribe". Encontrarán descripciones de frustración, desconcierto y falta de interés, algo que vemos muy habitualmente en nuestros alumnos.
https://observatorio.itesm.mx/edu-news/el-reto-de-la-desercion-universitaria
La deserción se ve en todos los ámbitos educativos. En los talleres o cursos de formación profesional también se ve éste comportamiento. Si la actividad se extienden en varios encuentros o instancias el numero de asistentes va disminuyendo progresivamente, aunque sea gratuita.
ResponderEliminarPor eso creo que la mayoría de los casos la deserción pasa por una necesidad de inmediatez. Ademas los jóvenes tienden a optan por carreras cortas y son cada vez mas los que eligen la opción on-line para su formación, por la flexibilidad que esta modalidad tiene.
La deserción escolar no es una decisión individual, está condicionada por factores contextuales. Esta se aplica sobre situación familiar, historia escolar, motivos de deserción y planes futuros, entre otros. Los resultados muestran un gran abandonó en las escuela. Las principales razones para dejar de estudiar son los factores económicos, haber reprobado materias y la falta de interés. Los resultados muestran la necesidad de un modelo de intervención basado en políticas educativas con mayores incentivos para una adherencia al sistema escolar, flexibilización del tránsito entre subsistemas y reestructuración de las redes de comunicación.
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